En China, los tokens de IA dejaron de ser una unidad técnica que solo les importaba a los ingenieros y se convirtieron en algo parecido a las millas aéreas o a los puntos del supermercado. Comprás un café y te dan tokens. Pagás con la tarjeta de crédito y acumulás tokens. Contratás un plan de telefonía celular y, además de datos móviles, te vienen millones de tokens incluidos. Terminás de comer unos dumplings y te llevás capacidad de cómputo para alimentar a un agente de inteligencia artificial. Lo que hasta hace muy poco era una medida invisible dentro de las tripas de los modelos, hoy funciona como moneda cotidiana en el consumo masivo chino.
El fenómeno lo reportó originalmente Rest of World y lo replicaron medios como Xataka y Reason Why. La lógica es simple: las empresas chinas encontraron en los tokens una herramienta de fidelización barata, llamativa y perfectamente alineada con el momento en que la IA se volvió el centro de casi todo.
Qué es un token (y por qué ahora vale algo)
Un token es la unidad mínima de información que procesa un modelo de IA para entender un texto y responder. Puede ser una palabra, parte de una palabra o un signo. Cuando le pedís algo a un chatbot, el sistema no lee letras: lee tokens, los procesa y devuelve más tokens. Cada consulta consume una cantidad determinada, y esa cantidad es, en la práctica, el costo real de usar inteligencia artificial.
Hasta hace poco, ese número era invisible para el consumidor. Nadie miraba cuántos tokens gastaba al pedirle un resumen a un modelo. Pero en la medida en que la IA se volvió un servicio que se consume todos los días, los tokens empezaron a funcionar como una unidad de valor: se acumulan, se regalan, se canjean. En China ya se volvieron parte del lenguaje comercial.
Los ejemplos que ya funcionan: tarjetas, celulares y dumplings
Los casos concretos muestran hasta qué punto la cosa se metió en la vida diaria. La startup china Moonshot AI lanzó en julio una tarjeta de crédito junto al Agricultural Bank of China y American Express, vinculada a su modelo Kimi. Los usuarios reciben tokens, además de cuotas para agentes y programación, según cuánto gastan. Es exactamente el esquema de un programa de puntos o de millas, pero con inteligencia artificial como premio.
China Merchants Bank lanzó en junio una tarjeta pensada para desarrolladores de IA con hasta 1.800 millones de tokens para los modelos de MiniMax. Shanghai Pudong Development Bank propuso algo parecido con hasta 3.000 millones de tokens para los modelos Qwen de Alibaba. Las operadoras de telefonía también entraron: China Telecom ofrece planes desde 9,9 yuanes al mes (unos 1,40 dólares) por 10 millones de tokens, y tiene una plataforma para acceder a 142 grandes modelos. China Mobile y China Unicom ofrecen paquetes similares.
Y después está el consumo más cotidiano. Algunos establecimientos de hostelería ofrecen acceso a IA como un incentivo parecido al wifi gratuito: entrás, consumís y te llevás capacidad de cómputo. El gesto es mínimo, pero dice mucho: la IA se está volviendo un servicio básico, como la conexión a internet o el café.
El número que explica todo: de 100.000 millones a 500 billones
Para dimensionar el salto hay un dato que lo resume. China consumía unos 100.000 millones de tokens diarios a principios de 2024. A mediados de 2026, la cifra alcanzaba los 500 billones de tokens. Es un crecimiento que no se explica solo por las empresas tecnológicas: se explica porque los tokens se volvieron parte del consumo masivo.
Ese volumen es el que hace posible que regalar tokens tenga sentido económico. Cuando el costo por token baja y el uso se masifica, entregar millones de tokens como incentivo se vuelve una estrategia de marketing viable, casi como regalar gigabytes de datos.
¿Por qué las empresas regalan IA?
Hay tres motivos que se repiten. El primero es captar clientes: en un mercado donde todos los bancos y operadoras ofrecen servicios parecidos, los tokens funcionan como un diferencial concreto y medible. El segundo es fidelizar: una vez que un usuario acumula tokens y los usa para trabajar, estudiar o crear, cambiarse de proveedor tiene un costo. El tercero es la carrera por la adopción: las empresas chinas necesitan que la mayor cantidad posible de gente use IA todos los días, y regalar tokens es una forma directa de empujar ese hábito.
Hay además una lógica de ecosistema. Moonshot AI, Alibaba, MiniMax y otras compañías no solo quieren usuarios: quieren usuarios dentro de sus modelos. Cada token regalado es una persona probando Kimi, Qwen o MiniMax, y cada prueba es una oportunidad de que ese usuario se quede.
¿Qué significa esto para vos?
El token se está convirtiendo en una nueva unidad de valor, y conviene empezar a mirarla con la misma atención con la que miramos los datos móviles o los puntos de una tarjeta. La IA ya no es solo una herramienta que se usa cuando hace falta: es un servicio que se consume, se mide y se paga. Entender cuánto cuesta cada consulta, cuántos tokens incluye un plan y qué tan lejos llega lo que te regalan es la diferencia entre usar IA con criterio y usarla a ciegas.
En China ese proceso ya está avanzado. Nosotros vamos por el mismo camino, aunque con algunos meses o años de diferencia. Las tarjetas con beneficios en IA, los planes de telefonía con tokens incluidos y los incentivos de fidelización van a llegar. Cuando lleguen, la pregunta no va a ser si conviene acumular tokens, sino cuánto sale realmente cada cosa que le pedimos a un modelo.
La IA se está volviendo infraestructura cotidiana, y los tokens son la forma en que esa infraestructura se mide y se comercializa. Vale la pena seguir de cerca cómo evoluciona este fenómeno, porque lo que hoy pasa en China suele marcar el rumbo de lo que viene después en el resto del mundo. Para mantenerte al día con estas noticias y entender qué significan para tu vida diaria, seguí la información de IA en iahoy.online.






