Cirujano operando con asistencia de inteligencia artificial en un quirofano

Un equipo del National Hospital for Neurology and Neurosurgery de Londres operó a un paciente con un tumor en la glándula pituitaria usando un sistema de inteligencia artificial que analizó el video quirúrgico en vivo y marcó con colores las zonas de riesgo. La IA asistió: el cirujano humano mantuvo el control en todo momento.

El caso: un tumor de 11 milímetros en el peor lugar posible

El paciente se llama Rhys Hibbert. Hasta hacía un año y medio era un hombre sano, según los testimonios recogidos por la BBC. Después empezaron los desmayos, la fatiga extrema y una pérdida severa de visión periférica que le fue cambiando la vida sin explicación clara.

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El diagnóstico: un tumor no cancerígeno de 11 milímetros en la glándula pituitaria. Un tumor benigno, sí, pero ubicado en uno de los lugares más complicados que puede elegir el cuerpo humano. La glándula pituitaria está en la base del cráneo, muy cerca de las arterias carótidas —vitales para llevar sangre al cerebro— y de los nervios ópticos.

El margen de error ahí es milimétrico. Las autoridades de salud británicas lo resumieron con una frase que vale la pena retener: “ir un milímetro desviado puede marcar una diferencia crítica”. Un movimiento fuera de lugar podría provocar ceguera, un ACV o la muerte.

A eso hay que sumarle un problema que arrastran los métodos tradicionales: entre el 25% y el 50% de las operaciones no logran extraer el tumor por completo, y hasta un 2% termina dañando un vaso sanguíneo. No son números menores cuando el que está en la camilla sos vos.

La operación se hizo en el NHNN, el primer hospital neuroquirúrgico dedicado del mundo, fundado en 1859. Un detalle que le da un marco simbólico a la escena: el mismo lugar donde nació la neurocirugía moderna como especialidad es ahora el primero en probar este tipo de asistencia con IA en tiempo real.

Cómo funciona la IA: reconocimiento facial, pero para el cerebro

El sistema fue desarrollado por investigadores del University College London (UCL) y financiado por el Instituto Nacional de Investigación de Salud y Cuidado (NIHR) del Reino Unido junto a Google. La explicación que dieron sus creadores es la más fácil de entender: funciona de manera similar al reconocimiento facial de los celulares, pero aplicado al cerebro.

En lugar de identificar una cara en una foto, identifica estructuras anatómicas críticas en un video quirúrgico. ¿Cómo lo hace?

  • Entrada: por la nariz del paciente se introduce un endoscopio, una fina cámara que transmite video en vivo desde adentro del cráneo.
  • Análisis: ese video llega a una segunda pantalla dentro del quirófano, donde corre el sistema de IA.
  • Detección: el sistema rastrea los instrumentos quirúrgicos y reconoce las estructuras que aparecen en pantalla.
  • Alerta visual: marca con códigos de colores las áreas donde están los vasos y nervios ocultos, y señala los lugares más seguros para extirpar el tumor.

La Dra. Sophia Bano, profesora asociada de robótica e IA en la UCL y líder técnica del sistema, explicó el entrenamiento detrás de la herramienta: “Al aprender de cientos de videos quirúrgicos, el sistema ha sido expuesto a una amplitud de ejemplos quirúrgicos que a un cirujano le tomaría muchos años encontrar. Está diseñado para ayudar a reconocer la anatomía crítica, los instrumentos quirúrgicos y las interacciones de los tejidos en tiempo real”.

El neurocirujano Prof. Hani Marcus, que ayudó a dirigir la operación, lo puso en otros términos: “Está entrenada en más operaciones de las que la mayoría de los cirujanos ven o realizan en toda su vida, y puede actuar como un segundo par de ojos experto”.

Ese “segundo par de ojos” es la clave de todo. No es un robot operando, no es un algoritmo tomando decisiones. Es una herramienta que le muestra al cirujano lo que quizás no puede ver con claridad en una pantalla, en un campo quirúrgico donde un milímetro lo cambia todo.

El resultado: recuperó la vista

La recuperación de Hibbert fue muy rápida. A las ocho semanas ya tenía mejoras constantes en su visión. Ya volvió a su trabajo y recuperó su energía habitual.

Su descripción del momento posterior a la operación es difícil de olvidar. Le dijo a la BBC: “Cuando abrí los ojos después de la operación, sentí que tenía una visión panorámica de 360 grados”.

También dejó una reflexión sobre la tecnología que le tocó en suerte: “Desde la perspectiva de la seguridad del paciente, veo absolutamente el beneficio. No hay señales de tránsito dentro de nuestras cabezas”.

La frase es precisa: no hay carteles que indiquen “arteria carótida a la derecha” ni “nervio óptico a la izquierda”. La IA, en cierta forma, los dibuja en pantalla.

La aclaración importante: la IA asiste, el cirujano decide

Acá conviene ser claro, porque es el punto que más se presta a confusión cuando se habla de IA en medicina. Los médicos que participaron del procedimiento aclararon que la inteligencia artificial solo asiste y que el cirujano humano mantiene siempre el control absoluto de la operación.

No se trata de un sistema autónomo. No decide qué cortar ni cuándo. Señala, sugiere, alerta. El bisturí —y la responsabilidad— siguen en manos humanas. Esa distinción no es un detalle menor: es la diferencia entre una herramienta de apoyo y un reemplazo, y en esta cirugía fue explícitamente lo primero.

Lo que viene: un “ChatGPT para cirujanos”

El objetivo a largo plazo del equipo es ambicioso: crear lo que ellos mismos describen como “un ChatGPT para cirujanos”. Es decir, una IA médica que funcione como un consultor experto disponible en el quirófano, capaz de dar sugerencias en tiempo real durante una operación.

Hoy el sistema hace una parte de eso: reconoce anatomía y marca riesgos. La meta es que pueda ir más allá y convertirse en una suerte de colega consultable, entrenado con miles de cirugías, al que el equipo pueda preguntarle en el momento.

Para eso, el equipo trabaja actualmente en un ensayo clínico a mayor escala que busca estandarizar el uso de esta tecnología. Es el paso lógico: una cirugía exitosa es una anécdota prometedora; un ensayo clínico es lo que puede convertirla en práctica habitual.

¿Qué significa esto para los pacientes?

En el corto plazo, poco y nada para la mayoría. Estamos hablando de un caso, en un hospital específico de Londres, con un equipo de investigación detrás y un ensayo clínico en curso. La tecnología todavía no está disponible de forma generalizada.

En el mediano plazo, la promesa es concreta: reducir ese 25% a 50% de operaciones que no logran extraer el tumor por completo, y bajar ese hasta 2% de daño vascular. Si el ensayo clínico confirma lo que este primer caso sugiere, los números podrían moverse.

Hay una advertencia oficial que vale la pena incluir. El ministro de Innovación en Salud británico, James Frith, celebró el éxito pero fue cauto: “La IA necesita salvaguardas adecuadas y siempre garantizaremos que la seguridad se tome en serio. Pero también nos aseguraremos de beneficiarnos de las oportunidades que trae”.

Es una posición razonable: entusiasmo con recaudos. La IA en medicina avanza, pero avanza acompañada de regulación, ensayos y controles. Nadie quiere que la primera cirugía cerebral asistida por IA sea también la última por un error evitable.

Cierre

Rhys Hibbert volvió a ver el mundo con amplitud, volvió a su trabajo y recuperó su energía. Detrás de esa recuperación hay un tumor de 11 milímetros, un hospital fundado en 1859, un endoscopio que entra por la nariz y un sistema de IA que, como el reconocimiento facial de un celular, aprendió a distinguir lo importante de lo que no lo es. La diferencia es que acá lo importante son las arterias y los nervios que mantienen a alguien con vida. La IA los marcó en colores. El cirujano decidió. Y el paciente, hoy, cuenta que ve en 360 grados.

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By Jorge Hernández

Jorge Hernández es investigador de tecnología especializado en inteligencia artificial. Cubre el lanzamiento de modelos, las herramientas de IA aplicadas al trabajo y a la vida cotidiana, y el impacto de la automatización en Argentina y Latinoamérica. Dirige IA Hoy (iahoy.online), un medio sobre inteligencia artificial en español.

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