La Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires aprobó un reglamento que prohíbe delegar en inteligencia artificial las decisiones judiciales: nada de sentencias ni de valoración de pruebas. La medida llega después de una serie de casos reales en los que abogados fueron sancionados por presentar fallos que nunca existieron, inventados por herramientas de IA.
Qué decidió la Corte bonaerense
En junio de 2026, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires (SCBA) aprobó un reglamento sobre el uso de inteligencia artificial en la Justicia. El punto central es claro: la IA no puede dictar sentencias ni valorar pruebas. Las decisiones judiciales tienen que seguir siendo de los jueces, personas de carne y hueso, con nombre y apellido.
El reglamento también limita la posibilidad de delegar decisiones judiciales en sistemas automáticos. La Nación lo tituló sin vueltas: “Freno a los ‘jueces algoritmos'”. Ámbito eligió otro enfoque: “La Suprema Corte bonaerense pone límites a la IA y prohíbe delegar decisiones judiciales”. Y urgente24 fue más directo todavía: “Inteligencia artificial bajo fuego: la Justicia le cierra la puerta a los jueces robot”.
Pero la Corte no se quedó solo en la prohibición. También abrió un proceso de consulta pública y participativa para discutir cómo se usa la IA en los tribunales. Y en julio, el Colegio de Abogados de la provincia difundió una guía para explicarle a quienes ejercen el derecho qué significa el reglamento en la práctica.
Por qué lo decidió: los abogados que citaron fallos inventados
La decisión no salió de la nada. Hay casos concretos, y son bastante incómodos.
En febrero de 2026, una abogada fue sancionada por invocar jurisprudencia inexistente generada por inteligencia artificial. Traducido: citó fallos que no existen, y los había inventado una IA. Ese mismo mes, un abogado fue sancionado por la Corte Suprema por uso indebido de inteligencia artificial en un proceso judicial, también por citar fallos falsos.
El fenómeno tiene nombre técnico: se llama “alucinación”. La IA no “miente” a propósito; simplemente genera texto que suena plausible pero que no está respaldado por ninguna fuente real. El problema es que un escrito judicial que cita un fallo inventado es un escrito falso, aunque quien lo firme no lo haya hecho a propósito.
iProfesional lo resumió con un título elocuente: “Escándalo en la Justicia argentina: la IA ‘alucinó’ y dejó en evidencia a abogados”. Diario Judicial ya venía siguiendo el tema desde agosto de 2025, cuando publicó: “Las citas falsas con ChatGPT llegaron a la Argentina”. Y La Nación, en octubre de 2025, advertía que los casos se acumulaban. En julio de 2026, EL PAÍS lo puso en una frase: “Es un fraude invisible”.
El caso de Río Negro: fallos “inventados” en un expediente
La cosa no terminó en Buenos Aires. En abril de 2026, el Superior Tribunal de Justicia de Río Negro detectó fallos “inventados” en un recurso presentado por una de las partes y advirtió sobre el uso indebido de inteligencia artificial.
O sea: no es un problema de un juzgado puntual ni de un abogado distraído. Es un fenómeno que aparece en distintas jurisdicciones del país, en distintos tipos de expedientes, y que los tribunales empezaron a detectar porque los fallos citados, directamente, no existían.
Una amenaza nueva: la “inyección de prompts” judicial
Hasta acá, el problema era que la IA se equivoca. Pero hay algo más incómodo: también se la puede engañar a propósito.
Existe un fenómeno llamado “inyección de prompts”. Diario Judicial lo bautizó “Prompt Injection Judicial” en mayo de 2026. La idea es simple: si un juez o una herramienta automática lee un documento que contiene instrucciones escondidas, esas instrucciones pueden manipular la respuesta que da la IA. No hace falta hackear nada: alcanza con escribir un texto que, además de su contenido visible, incluya órdenes ocultas para el sistema.
Un medio especializado (Mercojuris) documentó el caso de una demanda que intentó manipular la inteligencia artificial judicial. Es decir: alguien presentó un escrito pensado no solo para el juez humano, sino también para la IA que lo iba a procesar. Una trampa dentro de un documento.
Qué se puede y qué no se puede hacer con IA en la justicia
Para entender el reglamento, conviene separar dos cosas: la IA como ayudante y la IA como decisora.
Usos aceptables (auxiliares):
- Ordenar expedientes.
- Buscar información.
- Transcribir audiencias.
- Resumir documentos largos.
- Traducir.
Usos prohibidos (los que reemplazan el criterio humano):
- Decidir.
- Valorar pruebas.
- Dictar sentencia.
Un análisis del sector legal argentino publicado por abogados.com.ar habló de “tres riesgos reales (y manejables) de la IA en la justicia argentina”. La palabra clave es “manejables”: no se trata de demonizar la herramienta, sino de ponerle límites claros.
¿Y en el resto del país?
La IA avanza en la Justicia argentina, pero todavía no existen reglas comunes en todo el país. Cada jurisdicción va a su ritmo, y eso genera un mapa desparejo: lo que en un fuero está permitido, en otro puede estar prohibido o directamente no estar regulado.
Mientras la Corte bonaerense pone el freno, otros tribunales avanzan en la dirección opuesta. El Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires está licitando un proyecto de IA para gestión judicial, con diez empresas compitiendo. Es decir: la discusión no es si la IA va a estar en la justicia, sino cómo y para qué.
El debate de fondo: ¿puede la IA ayudar sin reemplazar?
La pregunta de fondo no es tecnológica, es institucional. ¿Puede la inteligencia artificial ayudar sin reemplazar? La respuesta que está emergiendo, al menos en la provincia de Buenos Aires, es que sí, pero con una línea roja bien marcada.
La IA sirve para lo administrativo y lo pesado: leer miles de fojas, ordenar causas, transcribir audiencias eternas. Eso libera tiempo humano para lo que realmente importa. Pero la decisión —quién tiene razón, qué prueba vale, qué pena corresponde— sigue siendo humana.
Y no es un capricho. Es una cuestión de responsabilidad. Si un sistema automático dicta una sentencia injusta, ¿a quién le reclamás? ¿Al software? ¿A la empresa que lo vendió? ¿Al juez que apretó “enter”? La justicia es, justamente, el lugar donde la decisión tiene que tener un responsable con nombre y apellido. Alguien que pueda explicar por qué decidió lo que decidió, y que responda por eso.
Por eso el reglamento bonaerense no prohíbe la IA: prohíbe que decida. La deja entrar por la puerta del trabajo pesado y la deja afuera de la puerta donde se toma la decisión. Es, quizás, la forma más sensata de convivir con una herramienta que puede ser muy útil y, al mismo tiempo, inventar un fallo que nunca existió.






